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La fiesta inolvidable

  La fiesta inolvidable  Hubiera sido una noche del montón, de no ser por ese precioso detalle. Aunque siempre supe que las noches —y especialmente las noches de fiesta— tienen una impronta surrealista. Esto propende a la distorsión de las cosas. Yo había aceptado la invitación de un amigo para asistir a una fiesta de egresados. Era la fiesta de su hija, una flamante abogada que desde muy chica había demostrado que seguiría la tradición familiar de aceptar y ganar pleitos. El orgullo de su padre. Creo que acepté porque esa noche no tenía otra alternativa, y tampoco la lucidez suficiente como para inventar una excusa medianamente creíble. De modo que, a las diez de la noche, ya estaba encaminado al salón donde tendría lugar la fiesta, con un horario de regreso previsto. En mi agenda mental de esa noche estaba escrito que no permanecería más de tres horas. En ese lapso cambiaría algún que otro comentario con mi buen amigo, felicitaría a la nueva abogada y conocería a Estela , la...

Ariadna

  Ariadna   Él jugaba con la pelota, ella lo hacía en su hamaca. Los dos eran colorados y tenían la misma edad, o por lo menos eso es lo que parecía. Dicen que no eran hermanos. ¿Eran idénticos porque alguien cometió un error? No creo en esta teoría, pero una vecina la deslizó en una conversación con mi madre. Eran parecidos y esto nadie lo podía negar. Conversé con ellos el primer día de clases. Una profesora, que también era colorada, nos sentó muy cerca. Yo estaba detrás cuando les vi los brazos. Tenían razón mis amigos del barrio. Era un pequeño círculo en las muñecas que, si uno lo hubiera visto sin prestar demasiada atención, parecía un reloj. Después de algunos días o semanas en que me dediqué a verla, le pregunté cómo se llamaba. Acerqué mi rostro para que nadie se percatara. Todos estaban copiando lo que la profesora escribía en el pizarrón. Ella se volvió hacia mí y me respondió con la voz más dulce jamás antes creada:  —Me llamo Ariadna. A continuación, dibujó ...

La versión de la esposa

  La versión de la esposa Úrsula K. Le Guin Era un buen marido. Un buen padre. No lo entiendo. No lo creo. No creo que sucediese. Vi cómo sucedía, pero no es verdad. No puede ser. Él siempre fue amable. Si lo hubieran visto jugando con los niños, nadie que lo hubiera visto con los niños hubiese pensado que tenía algo mal. Nada, ni tan siquiera un huesecillo. Cuando lo conocí, vivía aún con su madre, cerca del lago Primavera; yo los veía juntos, a la madre y los hijos, y pensé que merecía la pena conocer a un joven tan bueno con su familia. Luego, una vez que iba yo por el bosque, lo encontré solo. Volvía de cazar. No había cazado nada, ni un ratón de campo tan siquiera, pero no estaba enfadado por ello. Andaba retozando por allí, disfrutando del aire de la mañana. Fue una de las primeras cosas que me gustaron de él. No se tomaba nada a mal, no gruñía ni gemía cuando las cosas no salían a su gusto. Así que aquel día estuvimos charlando. Y supongo que las cosas fueron liándose a part...

Esos nombres que se gritaban

  Esos nombres que se gritaban  Desde ayer, « Esos nombres que se gritaban » se encuentra en preventa. Es un libro que reúne una nouvelle y tres cuentos de menor extensión. Nació hace ya tiempo —quizás años— y, tras las naturales reescrituras, aguardaba el momento de ser revisado para decidir si iniciar o no un proceso de edición. Esa posibilidad me la brindó la editorial Umbrales del Sur , de Rosario. Con toda la expectativa que genera la publicación de un libro —un hijo espiritual, como también suele llamarse— me sumé a una convocatoria que la editorial había lanzado. No pasó demasiado tiempo hasta que, a través de un correo electrónico, me informaron que la obra había obtenido dictamen favorable . El sueño estaba al alcance de la mano. Entre las apreciaciones que acompañaban la evaluación, se expresaba lo siguiente:  “Tras la lectura integral de la obra, el equipo editorial concluye que se trata de un libro compuesto por una nouvelle y una serie de relatos breves. La ...

Génesis de una nouvelle

  Los nombres que se gritan : el origen de una historia  Los nombres que se gritan surgió del encuentro entre unos pocos elementos que funcionaron como disparadores. Al principio lo imaginé como un cuento: tenía claro el inicio y al personaje que lo atravesaría de principio a fin. Luego imaginé el final. Con el tiempo, al completar el tramo intermedio, la idea inicial se transformó y el cuento dio lugar a una nouvelle . Desde antes de escribir la primera oración, el lugar de los hechos ya tenía un nombre. Los Tarcos: un pueblo que envejeció solo  Los Tarcos es un paraje imaginario ubicado cerca de una formación de cerros. Está flanqueado por un río amplio que corre tranquilo, y una estación de tren abandonada se erige como su portal de entrada. Unas vías, que aparecen y desaparecen al costado de la ruta, son el testimonio apagado —junto con esa estación— de una época más rutilante. Persiguió un destino de ciudad, pero la incesante partida de sus jóvenes lo defraudó. Los...

Pablito clavó un clavito: Una evocación del Petiso Orejudo

Mariana Enriquez    Pablito clavó un clavito: Una evocación del Petiso Orejudo Mariana Enriquez  La primera vez que se le apareció fue en la salida de las nueve y media de la noche, la que se hacía en ómnibus. Fue durante una pausa del relato, mientras recorrían el tramo que iba desde el restaurante que había sido de Emilia Basil, descuartizadora, hasta el edificio donde vivía Yiya Murano, envenenadora. De todos los tours por Buenos Aires que ofrecía la empresa para la que trabajaba, el de crímenes y criminales era el más exitoso. Se hacía cuatro veces por semana: dos en ómnibus y dos a pie, dos en inglés y dos en español. Pablo supo que, cuando la empresa lo designó como guía del tour de crímenes, le estaba dando un ascenso, aunque el sueldo fuera el mismo (sabía que, tarde o temprano, si lo hacía bien, la cifra también iba a ascender). El cambio lo había alegrado mucho: antes hacía el tour «Arquitectura Art Nouveau de Avenida de Mayo», que era muy interesante, pero abur...

Dos cuentos breves - Hugo Arce

  Dos cuentos breves Hugo Arce  La Cofradía del Silencio  Nos llamaban la Cofradía del Último Verano. O la Cofradía del Silencio. Este segundo nombre se lo debemos a un periodista de un medio local. En una ocasión, cuando el caso ya había sido cerrado, nos pidió una entrevista. Ninguno de nosotros aceptó , y no porque haya habido un acuerdo previo .Todos los integrantes del grupo nos negamos a hablar del tema . El mutismo fue el mecanismo personal que adoptamos para clausurar esa etapa de nuestras vidas . Afortunadamente para nosotros este periodista no insistió , aunque de tanto en tanto nos mencionaba en sus crónicas semanales . Murió poco tiempo después . Es curioso , pero cuando eso pasó , tuve sentimientos encontrados . Había muerto la persona que aún se preguntaba qué había pasado . La voz que a veces me despertaba y me dejaba sentado en la cama , a veces , con el deseo de responderle . Con ese periodista había muerto un posible confidente .  Éramos seis. Dura...