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Pájaros en la boca

  Pájaros en la boca  Samanta Schweblin El auto de Silvia estaba estacionado frente a la casa, con las balizas puestas. Me quedé parado, pensando en si había alguna posibilidad real de no atender el timbre, pero el partido se escuchaba en toda la casa, así que apagué el televisor y fui a abrir.–Silvia –dije.–Hola –dijo ella, y entró sin que yo alcanzara a decir nada–. Tenemos que hablar, Martín. Señaló mi propio sillón y yo obedecí, porque a veces, cuando el pasado toca a la puerta y me trata como hace cuatro años atrás, sigo siendo un imbécil.–No va a gustarte. Es… es fuerte –miró su reloj–. Es sobre Sara.–Siempre es sobre Sara –dije.–Vas a decir que exagero, que soy una loca, todo ese asunto. Pero hoy no hay tiempo. Te venís a casa ahora mismo, esto tenés que verlo con tus propios ojos. –¿Qué pasa?–Además, le dije a Sara que irías así que te espera. Nos quedamos en silencio un momento. Pensé en cuál sería el próximo paso, hasta que ella frunció el ceño, se levantó y fue hast...

Alguien se despide o Flores en el río

  Alguien se despide o Flores en el río Alguien se despide o Flores en el río es un cuento que escribí hace algunos años . Su inspiración fue una historia que escuché de niño y que regresó a mí una tarde de otoño o de invierno . Hacia frío y la plaza donde escribí las primeras líneas estaba vacía .  Este breve prólogo al cuento tiene como fin destacar dos aspectos del proceso de escritura : el momento y el lugar donde escribimos y la fuente de inspiración . Quizás lo primero no sea tan relevante ; cualquier sitio será el apropiado cuando nos asalta la idea que servirá de punto de partida para escribir …escribir lo que se nos de en ganas escribir . Una tarde como la mencionada podría haber sido el aliciente perfecto a un espíritu poético , por ejemplo ; y feliz del que tenga ese espíritu, obviamente . En mí caso , y desconozco el motivo, esa tarde me traslado a mí infancia y a esas historias que escuchaba con tanta atención. Pero lo que quería destacar era la importancia de l...

Colinas como elefantes blancos

  Colinas como elefantes blancos Ernest Hemingway Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid. -¿Qué tomamos? -preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa. -Hace calor -dijo el hombre. -Tomemos cerveza. -Dos cervezas -dijo el hombre hacia la cortina. -¿Grandes? -preguntó una mujer desde el umbral. -Sí. Dos grandes. La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa...

La lotería

  La lotería Shirley Jackson La mañana del 27 de junio amaneció clara y soleada con el calor lozano de un día de pleno estío; las plantas mostraban profusión de flores y la hierba tenía un verdor intenso. La gente del pueblo empezó a congregarse en la plaza, entre la oficina de correos y el banco, alrededor de las diez; en algunos pueblos había tanta gente que la lotería duraba dos días y tenía que iniciarse el día 26, pero en aquel pueblecito, donde apenas había trescientas personas, todo el asunto ocupaba apenas un par de horas, de modo que podía iniciarse a las diez de la mañana y dar tiempo todavía a que los vecinos volvieran a sus casas a comer. Los niños fueron los primeros en acercarse, por supuesto. La escuela acababa de cerrar para las vacaciones de verano y la sensación de libertad producía inquietud en la mayoría de los pequeños; tendían a formar grupos pacíficos durante un rato antes de romper a jugar con su habitual bullicio, y sus conversaciones seguían girando en tor...